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¿Se pueden guardar las latas de conserva una vez abiertas?

Hoy en día las conservas se han vuelto un must en la despensa de nuestras casas, ya que son productos fáciles de almacenar y tienen una fecha de consumo preferente (que no de caducidad) de hasta 5 años. Todos tenemos esa lata de atún o marisco salvadora que nos saca de más de un apuro. Normalmente, al consumir este tipo de productos empleamos la totalidad del contenido, pero ¿podemos guardar el sobrante en la nevera? ¿Qué ocurre una vez están las latas abiertas

Seguro que muchos habremos hecho más de una vez el gesto de cerrar un poco la tapa de la conserva antes de meterla en la nevera, como para que no se ponga malo. Pero lo cierto es que las latas no son envases como los bricks u otros envases de plástico especialmente diseñados para permanecer refrigerados, sino que son envases de metal (acero o aluminio). Por este motivo, la lata al oxidarse por entrar en contacto con el oxígeno podría contaminar de óxido el alimento y afectar a sus propiedades.

 

¿Cuánto dura el atún en lata abierto?

 

Para evitar el riesgo de la oxidación, hemos de conocer un poco la naturaleza de las conservas y cómo manipular y conservar una lata de atún abierta.

Las conservas, ya sean de pescado, marisco, carne etc., una vez depositadas en la lata, se cierran herméticamente y se someten a un proceso térmico de esterilización, que elimina todo organismo que pueda afectar a la conservación del alimento. Esto es lo que permite que se conserven durante tanto tiempo “protegidos”. Pero esta protección desaparece una vez que abrimos la lata, por tanto, las latas de conserva se convierten en alimentos perecederos y hemos de tratarlos como cualquier otro producto fresco. En Frinsa recomendamos retirar el contenido sobrante y guardarlo en un recipiente cerrado en la nevera hasta un máximo de 48h y poder así seguir disfrutando de su sabor original.

 

¿Qué hacemos con las latas de atún abiertas?

 

Si todavía tienes dudas sobre si se puede guardar o no el atún una vez abierto te dejamos una serie de datos que pueden ayudarte a verlo más claro. Además de la oxidación del metal, que puede perjudicar el sabor de la conserva, también existe la posibilidad de que cualquier organismo o bicho (comúnmente hablando) que ronde nuestra nevera, pueda llegar a la lata abierta, además de otros hongos y bacterias que también podrían afectar a nuestra salud.

En concreto, una de estas bacterias puede producir la enfermedad del botulismo, la cual se asocia a las latas de conserva en mal estado o aquellas que se han dejado abiertas. Esta enfermedad es poco común, pero puede producir síntomas como dificultades para hablar o tragar, sequedad bucal, debilidad facial, problemas de visión, dificultad para respirar, náuseas, vómitos, calambres abdominales e incluso parálisis.

Para terminar, desde Frinsa te dejamos un último consejo para conservar vuestras latas abiertas. Si no vas a consumir toda la lata, guarda el contenido sobrante en un tupper cerrado y lo más importante… ¡conserva el líquido de cobertura! Así podrás disfrutar de todo el sabor y propiedades de nuestros productos en cualquier momento.

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